miércoles, abril 04, 2007

Bitácora de Excursión
Día 5
Parte 2 y final.

Por un buen trecho no volvimos a divisar ningún obstáculo más, ya que se trataba de una alargada y no tan aguda pendiente, nuestra sorpresa fue descubrir que bajando al pie de esa loma, caminando un corto tramo de un pequeño valle, pasaba el río en una de sus partes donde el caudal de todos los aguajes y corrientes que provenían montaña arriba se le unían, formando un gran brazo de agua que atravesaba el camino y se perdía rugiente varios metros adelante. Poco podíamos hacer, si nos atrevíamos a cruzar el río, el nivel de la turbulenta y rápida agua nos llegaría por lo menos encima de nuestras rodillas (bueno, de las mías jejeje) y la verdad, nos sentíamos ya tan empapados que arriesgarnos a terminar de ensoparnos iba a repercutir de forma nefasta en nuestro organismo.

Encogiéndome de hombros le comenté a Yenni que ahí terminaba nuestro recorrido, habíamos hecho lo posible por llegar, pero todo parecía indicar que este obstáculo si era definitivamente insalvable. Eran las 2:20 p.m. y nuestras esperanzas parecían haberse agotado una a una. Yenni resopló algo así como que “aún falta esperar a que lleguen Juan Carlos y Gaby” así que la espera podía tornarse larga y probablemente no llegaríamos a tiempo para tomar el autobús. Ya que a esas alturas del partido, poco o nada podía hacer para remediar CUALQUIER situación, volví mi vista a todos lados para buscar sin éxito algún pertrecho natural en el cual guarecernos de la lluvia que ya comenzaba a arreciar y a calar hondo. Le indiqué a Yenni sentarnos en una gran roca al lado del camino y le ayudé a deshacerse de su mochila, yo hice lo propio mientras desempacaba una de las lonas que llevaba para efectos de preparar el terreno de la casa de campaña, para cuando la sacaba de mi mochila y me disponía a arreglar una improvisada techumbre, comenzamos a escuchar un par de motores en la lejanía.
El sonido rebotaba en las paredes de roca de las montañas adyacentes, por lo que hacía difícil precisar si los vehículos iban o venían. Sólo teníamos descubierto el camino por donde habíamos llegado. En un par de minutos vimos con un enorme gusto cómo una pequeña camioneta seguida por un antiguo carrito tipo “Datsun” emergían de la colina para comenzar a andar el pequeño trecho de valle hasta donde nos encontrábamos, otra de las agradables sorpresas fue ver en la caja de la pick up dos figuras conocidas. Una de ellas golpeó el techo de la cabina para indicarle al conductor que se detuviera para que pudiéramos abordarlos. Así se hizo, rápidamente subí a Yenni, su mochila y la mía y con un torpe y enorme salto, logré llegar a bordo. Hasta ese momento pude respirar tranquilamente al tiempo que Juan Carlos y Gaby nos contaban sus peripecias por el camino. Ese fue otro de los momentos más felices del viaje, “¡Os lo juro!” jeje ;)
Haciendo un paréntesis. La verdad que viendo la manera en la cual conducen los serranos esos sinuosos caminos es digno de un profundo respeto. Ya que si bien vemos en los anuncios de camionetas NUEVAS cómo son sometidas a salvajes abusos, la pequeña “troka” en la que viajábamos, a pesar de ya haber visto sus más doradas épocas, tenía todos sus tornillos y fierros bien puestos para pasar los arroyos, curvas, lodazales y baches como si no le debiera nada a nadie. Lo realmente chistoso fue el datsuncito que nos seguía, ése parecía venir de un campo de concentración para automóviles y sin reparo alguno atravesaba el río a pesar de que el agua llegara a la altura de la mitad de sus portezuelas. Era todo un espectáculo. ¡Y yo quejándome porque me quiero comprar un 4x4 y no me alcanza ! ¡Chale!

Bien, después de un rato de plática, la risa que nos provocaba el pequeño tanque de guerra y los no tan escasos tumbos del camino, llegábamos a las afueras de Samachique, al momento se pudo percibir un colectivo suspiro de alivio ya que habíamos llegado con unos cuantos minutos de ventaja para tomar el autobús. La camioneta pronto hacía un giro en el camino y el conductor nos indicaba el rumbo a seguir, nosotros hicimos una señal para que nos dejara bajar y después de los agradecimientos, nuestros salvadores se alejaban perdiéndose en los caminos del pueblo. El punto en el que nos había dejado la camioneta era donde según nos habían informado los pobladores se detenía el autobús para subir al pasaje. Nos apostamos casi militarmente con la intención de no perdernos tal evento, así que tuvimos que aguantar otro par de minutos bajo la lluvia. Repentinamente y después de un rato de haber llegado, la lluvia cesaba pero dejaba en su lugar una gélida corriente de viento que cada vez que nos golpeaba parecía que nos torturaban con choques eléctricos. Debido a que nos comenzamos a enfriar y ya no caminábamos, nuestro cuerpo comenzó a sentir los efectos de la humedad y el frío real que imperaba en el lugar. Juan Carlos y yo decidimos ir a una tienda de abarrotes cercana a comprar algo que nos sirviera de reactivador de la moral, por lo que nos encaminamos a dicho comercio a comprar algunos manjares chatarra. Cuando volví, Gaby me advirtió que algo extraño le estaba pasando a Yenni.
Inmediatamente supe que no estaba bien, ya que tardó en reaccionar cuando le extendí su refrigerio. Le comencé a hacer preguntas y su capacidad de razonamiento estaba un tanto menguado. Me puse a temblar, milagrosamente el autobús había llegado en perfecta sincronía y sólo atiné a decirle a Yenni que lo abordara mientras pensaba en el plan de acción. Pronto todos estábamos en el interior del camión y comenzábamos el viaje hacia el poblado de Creel. Yenni argumentaba tener un sueño muy pesado, decía tener muy poca sensibilidad y control sobre sus manos y pies y no respondía adecuadamente a las preguntas más elementales que se le hacían. Rápidamente me deshice de su chamarra que estaba empapada. La sustituí por una par de mantas térmicas de emergencia y abrí un par de “costalitos de calor” poniéndoselo uno en su plexo y el otro lo frotaba en sus manos y brazos en tiempos regulares para ver si podía hacerle volver la movilidad y sensibilidad perdidas. Le recomendé que no dejara de mover los dedos de los pies aún cuando creyera que no los sentía y que realizara algunos ejercicios de movilidad. Poco a poco comenzó a reaccionar, y al punto en el cual llegabamos a Creel (tres horas después) su coherencia al hablar se hizo más patente, la movilidad y sensibilidad de su cuerpo alcanzó la normalidad, y al rato su carácter parlanchín volvió a sus niveles óptimos. ¡Vaya susto que pasamos! bendito sea Dios, el último del viaje. Una de las grandes ventajas que ayudó a la recuperación de la compañerita fue la temperatura interna del vehículo, ésta se percibía en un par de agradables grados más arriba que la intemperie.

Para cuando llegamos a Creel, otra obra de la providencia estaba lista, ya que el camión que nos regresaría a la ciudad estaba llegando a tiempo a la terminal y ni tardos ni perezosos nos trepamos en él. Era un autobús supermoderno que traía uno de los lujos más solicitados del día: La bendita calefacción. Ahora sí, controlado el asunto hipotérmico y ya más relajado el ambiente, me acurruqué en mi asiento, me tapé con una de las mantas de Yenni y me dispuse a disfrutar de un descanso emocional, físico y mental al cobijo y confort de un asiento reclinable. Por fortuna el camión no se llenó como esperábamos y pronto estábamos en la carretera. Mientras me despertaba a ratos, me daba cuenta que estaba cada vez más cerca el momento de estar en casita y disfrutar de los lujitos que proporciona la civilización jeje.

A eso de las once de la noche arribamos a la ciudad de Chihuahua con muchas ganas de concluir definitivamente el viaje. Al bajar nuestros equipajes, hacer el recuento de cachibaches y llamar a nuestros familiares, los h.h. miembros de la excursión nos despedimos y cada quien tomó el rumbo a su hogar. En lo personal, disfruté como en cámara lenta los momentos antes de entrar a mi habitación. La calefacción proporcionaba un clima muy placentero y todo cuanto observaba en mi casa parecía el final feliz de un cuento. En cuanto comencé a hacer un recuento de los daños, no me había percatado cuan mojado andaba hasta que me comencé a quitar toda la ropa. Camisetas, chamarra, chones, pantalón, calcetines, etc. Todo lo traía empapado, mi pregunta fue: ¿cómo logré que no me diera hipotermia, pulmonía o algo así? Después comencé a notar un dolor en mis hombros, un pequeño calambre en mi espalda, una leve torcedura en mi cuello y los típicos calambres musculares. La pregunta fue: ¿por qué demonios me duele toda mi sacrosanta humanidad ahora que tengo la oportunidad de descansar? Quizás la respuesta a ambas cuestiones se encuentre en la adrenalina y la fijación en mi mente de llegar con bien hasta nuestro destino final. Al tiempo que ya me había examinado, me regalé una deliciosa ducha para sacarme la capa de mugre que había acumulado durante cinco días (bueno, la que pudo huír de las toallitas húmedas jejejeje). Mi cuerpecito me lo agradeció, ya lo creo que si, jejejeje. Y bien, lo último que recuerdo haber hecho fue tomarle una fotografía a mis botas y postear la primera entrada que inaugura la reseña de este viaje. después de eso, recuerdo algunas escenas relacionadas con caer en cámara lenta hacia mi colchón y después dormir como si no hubiera futuro.

Bien, mi amable lector, Con esta entrada termina la reseña de nuestra accidentada aventura. Espero que les haya hecho pasar un rato agradable enterándose de lo que les pasó a este grupo de aventureros. Les recuerdo la reflexión con la cual comienzo a manera de introducción esta serie de reseñas pues funcionaría también como epílogo, espero que la lean.
No me queda más que agradecer la curiosidad que les hizo detenerse en este su blog y próximamente estaré posteando algunas otras técnicas de campismo, reseñas de gadgets, recomendaciones para quien guste del apasionante deporte del contacto con la naturaleza y otras tantas cosas que considere útiles e interesantes. Reitero mi profundo agradecimiento y les invito a que posteen su opinión en la barra de chat o en los comentarios de las entradas. Deseo de todo corazón que tengan buena jornada.
Les mando un fraternal abrazo

Garrison

sábado, marzo 24, 2007

Bitácora de Excursión
Día 5
Parte 1

El arrullador golpeteo de las gotas en el techo de lámina de la casa me iba volviendo poco a poco a la realidad. Un tanto confuso y desorientado recordé dónde habíamos acabado el día anterior, me costó un poco de trabajo despertarme completamente. Tal “atarantamiento” se lo debo al constante escuchar del “ruido blanco”… …no sé. Ya eran alrededor de las 8 de la mañana y por una de las ventanas del cuarto se podía apreciar que el sol hacía refulgir el gran y cerrado cúmulo de nubes grises que no se habían cansado de descargar su contenido desde el día anterior. La temperatura tampoco había subido ni un ápice, por lo que se auguraba una pesada jornada de caminata para alcanzar Samachique y volver a nuestro hogar. Una pieza aguda de fierro del catre en el que reposaba se estaba enterrando en mi espalda recordándome que debía levantarme o soportar un poco más la tortura. Opté por lo primero.

Le hablé a Yenni para comenzar a prepararnos, ella ya estaba también despierta, por lo que pronto ya estábamos envolviendo los sleeping bag y desempacando las raciones de nuestras despensas para dejárselas al buen Domingo como habíamos quedado. Afortunadamente todo lo importante lo llevábamos en wet bags, por lo que al reorganizar las mochilas el espacio se redujo considerablemente en ambas, deshaciéndonos de bastante peso.

Los demás aditamentos quedaron preparados y en tiempo récord estábamos listos para partir. Decidí pasar a la pieza adjunta en la que Juan Carlos y Gaby habían pernoctado y me percaté que ellos ya estaban también a punto de terminar de prepararse. Domingo no se encontraba en la casa, así que mientras esperábamos a que apareciera mi hermano y yo decidimos hacer el itinerario de esa jornada. Recordamos que el día que llegamos a Samachique (día 1) vimos llegar un camión de una línea local que conectaba a este poblado con Creel. Si apresurábamos el paso deberíamos llegar a Samachique a tiempo para tomar ese autobús, de lo contrario, deberíamos quedarnos otro día más hasta que volviese a pasar. El tiempo que teníamos para recorrer 20 kms. con una temperatura de 5 grados y una intensa e imparable llovizna gélida era hasta las 3 de la tarde, de lo contrario, la caminata resultaría inservible. Duramos 2 días para llegar hasta donde estábamos y teníamos que hacerlo ese día en 6 horas bajo condiciones no tan agradables. Las chicas valientemente estuvieron de acuerdo, echamos el volado y decidimos arriesgarnos.

En eso estábamos cuando llegó Domingo, le comentamos que debíamos partir y que le dejábamos las despensas como muestra de nuestra gratitud, éste sólo asintió con gusto y nos advirtió que los aguajes y arroyos que atraviesan todo el camino hacia Samachique habían crecido durante toda la noche, que sólo tuviéramos cuidado. Mientras nos decía eso me pasó por la mente el día que el buen samaritano de Samuel nos dio un aventón en su camioneta, pasamos por varios de esos arroyos y aguajes e iban a sumarse como otro inconveniente a la ya nutrida lista. Aspiré profundamente y confié en que no sería grave.

Mientras terminábamos de hablar con Domingo se me ocurrió la idea de dejarle a Don Leonel una carta de agradecimiento, mientras la redactaba, el personal terminó de arreglar sus equipos y estaban preparados para salir. Al terminar de escribir la misiva, le di instrucciones a Domingo de dársela a Don Leonel y acto seguido comenzamos a ponernos los ponchos, ajustarnos las mochilas y después de la respectivas despedidas, a comenzar la caminata. El reloj marcaba alrededor de las 9 de la mañana. Poco a poco íbamos dejando atrás el apacible y bucólico ranchito de la colina.

El gélido clima nos bendijo con la ausencia de viento, aún así, la fina llovizna que caía inclemente se metía por todos lados, pronto nos dimos cuenta que los ponchos no servirían de mucho. Por otro lado, el paisaje que teníamos frente a nosotros era soberbio, a lo lejos podíamos apreciar algunas crestas de montañas siendo acariciadas por aletargados y fantasmagóricos retazos de niebla, otros tantos se arrastraban a ras del suelo como si fueran unas etéreas y gigantes orugas. El espectáculo de esa mañana era sumamente bello. Siento mucho no haber podido tomar fotos ese día, pero la verdad temí por el funcionamiento adecuado de mi cámara, ya que había mucha humedad en el ambiente y no había un solo rincón que la lluvia no alcanzara. Lo siento, esta reseña va a quedar “en blanco” jejeje.

Bien, después de avanzar un buen par de kilómetros, Pudimos ver varias camionetas dirigiéndose a los poblados aledaños, eso era una buena señal, a pesar del mal clima, el "tráfico" no se había detenido. De pronto, de una curva del sinuoso camino emergió un vehículo conocido, era nada más ni nada menos que Don Leonel. El señor con mucha paciencia se detuvo al lado del camino y nos saludó sonriente, nuevamente nos veía con una mezcla de incredulidad y asombro. Le dimos personalmente las gracias por su disposición y le informamos que nos habíamos quedado en su propiedad, lo cual le dio un enorme gusto. Nos informó que las camionetas que habíamos visto pasar iban a volver a Samachique durante el día, así que si se ponían las cosas feas en el camino recurriéramos a esas personas. Agradecimos nuevamente la ayuda prestada y pronto su camioneta desaparecía dando tumbos por el camino del espeso bosque. Todos comenzamos a reanudar la marcha, al mismo tiempo que la llovizna se volvía una lluvia un poco más tupida. Yenni y yo comenzamos a dejar atrás a los muchachos; ellos venían deteniéndose con mucha frecuencia, por lo que hacía un poco desesperante el desplazamiento. Asumí que ellos ya sabían el itinerario establecido, por lo que comencé a acelerar el paso para que ellos siguieran el ritmo a lo cual sólo Yenni respondió. En pocos minutos ya no vimos rastros de los muchachos.

De vez en vez nos deteníamos para comer una “bombita de carbohidratos”, rehidratarnos y recobrar el aliento. En esos intervalos de breve descanso detectábamos qué tan mojados estábamos. Mi temor más apremiante era que cayéramos en un shock hipotérmico, ya que sólo las perneras las teníamos secas, todo el torso lo sentíamos empapado gracias a la fina lluvia como al copioso sudor que despedíamos desde dentro de nuestras ropas. “Mientras siguiéramos en movimiento, no pasaría nada” -me decía- así que por esos momentos saqué de mi mente esas ideas. Disimuladamente le preguntaba cosas a Yenni para medir su velocidad de respuesta y detectar estadios tempranos de hipotermia, asimismo le pedía que me informara si padecía de frío anormal o intenso en alguna parte de su cuerpo, a lo cual me informó que parecía estar en orden. Todo indicaba que andábamos dentro de los niveles normales… …por el momento.

Las verdaderas pruebas comenzaron cuando varios aguajes y arroyos comenzaron a atravesar el camino con su serpenteante y fuerte corriente. Como nos había advertido Domingo, la lluvia de todo un día y medio había hecho crecer los caudales, así que cada vez que una de estas corrientes truncaba nuestro camino, teníamos que buscar el lado más estrecho para atravesarla, a veces desviándonos de 50 a 200 metros del punto inicial. En un par de ocasiones tuvimos que aventarnos cual ranas de estanque para alcanzar la otra orilla y seguir con el camino, lo cual le puso un poco de chispa y emoción a la monótona caminata. Terminábamos un poco enlodados y muertos de la risa, por lo que fue bastante divertido. En una ocasión tuve que lanzar a Yenni y su mochila por los aires cual monito de caricatura para que alcanzara la orilla; dado que es un poco bajita de estatura batallaba un poco más que yo, que con un par de zancadas alcanzaba a llegar, así que algunas corrientes no supusieron gran reto para mi ;) sin presunción ¿eh? jejeje. Lo que si comenzamos a notar fue la distancia cada vez más grande que teníamos que salvar para llegar hacia la otra orilla, y los recursos como ramas bajas de árboles cercanos a la corriente, salto con pértiga improvisada, “puentes” naturales de piedra y otras macgyverías también escaseaban o se volvían inoperantes. El tiempo seguía su inexorable marcha y eso nos detenía cada vez más, poniéndole más presión al asunto. Por otra parte, una cosa buena que indicaba la gran cantidad de aguajes atravesando el camino, era la cercanía del poblado de Samachique, así que también era un gran aliciente para no desistir en nuestros intentos.
Continuará…

sábado, marzo 17, 2007

Bitácora de Excursión
Día 4 . Fotos






Bitácora de Excursión
Día 4
Parte 2

Después de una corta, húmeda y penosa caminata, pudimos llegar al ranchito, arribamos hechos una sola sopa. Con una actitud de sorpresa y calma a la vez, nuestro anfitrión al vernos llegar, nos dio el pase y repartió las habitaciones para podernos instalar; En un breve momento todos nos presentamos, así supimos que este amable pero callado muchacho se llamaba Domingo. En cuanto me adentré más a la casa pude descubrir a mi derecha la típica cocina de ranchito, rústica pero muy acogedora, ya que pude percibir el grato cobijo de una gran estufa de leña que estaba a todo lo que daba. Desgraciadamente, ese cobijo no se extendía al cuartito que ocuparíamos para pernoctar esa noche, por lo que lo primero que hice apenas pasé el umbral de la pequeña pieza que nos tocó ocupar fue desempacar la hornilla y encenderla a su máxima potencia.

Otra de las tareas que rápida y automáticamente realicé fue acondicionar un par de catres de fierro que estaban apostados en un rincón, desempaqué mis cacharros, la despensa para la comida y lo necesario para poder dormir. Ahí me di cuenta que por un tonto error no llegué a cubrir lo suficientemente bien mi sleeping mojándose una porción de los pies y la capucha. Rápidamente lo extendí y me quité la chamarra poniéndola también a secar. Yenni hacía lo propio mientras yo iba ver la situación de mis compañeros.

Juan Carlos y Gaby ya tenían desempacados sus empapados sleepings y los habían puesto a secar en el piso, asimismo, tenían un tenderete enorme en el cuarto, dado que la mayoría de su ropa había corrido la misma suerte. Observé que a Juanito se le había ocurrido la misma idea de la hornilla, así que su cuarto ya tenía también “calefacción”. Ellos pidieron permiso a Domingo para ocupar un par de sillas de la cocina como un tendedero improvisado y, abusando un poco de su confianza, pusieron su tendido cerca de la estufa para que sus trapitos se secaran con más celeridad. Les sugerí a este par que aprovecharan las vigas que atravesaban el techo de la cocina cerca de la estufa y colgaran de ahí sus sleepings, ya que iba a estar difícil que se secaran en las pocas horas que quedaban para dormir. Así lo hicieron y aquello ya parecía tianguis de ropa de segunda mano jejeje.

Pronto, ya teníamos nuestras habitaciones listas y decidimos prepararnos para la comida. Poco a poco nos fuimos organizando para sacar los cacharros y las raciones para realizar un banquete en honor de nuestro anfitrión. Éste aceptó de muy buena gana y en un santiamén teníamos la estufa bufando a todo vapor y con algunos cacharrillos prestados comenzamos a cocinar el menú del día. La comida-cena consistió en una gran ración de sopa caldosa sabor res con trocitos de carne seca, quesadillas en tortilla de harina, crema de champiñones y de postre barra energética con una buena taza de café o chocolate. Se los juro que fue todo un manjar. Entre plato y plato fuimos comentándole a Domingo nuestras peripecias de los anteriores días y pudimos gastarnos unos cuantos chascarrillos, Domingo es una persona muy reservada, por lo que los chistes los tomaba con mucha cautela, pero creo que pasó un buen rato riendo tímidamente de lo que comentábamos. La sobremesa llegó y terminamos contando historias de espantos y misterio, éstas llevaron a un mood un poco aplatanado y el sueño comenzó a hacer mella en todos. Las emociones de aquel día estaban cobrando la factura, por lo que cada quien empezó a recoger sus cacharros, guardar la comida que se había quedado y retirar la ropa que ya se había secado.

Dado que ya se nos había acabado la jornada y no íbamos a poder llegar hasta Guagueyvo, mi hermano y yo decidimos dejar el lugar temprano en la mañana dependiendo del clima que prevaleciera. La idea era esperar al patrón de Domingo para que nos diera un aventón a Samachique. Le preguntamos a Domingo algunos detalles, por lo que nos pudo informar que si bien nos iba, hasta el fin de semana se daría una vuelta por el ranchito. Eso modificó nuestros planes y decidimos tajantemente irnos al siguiente día con lluvia, truenos o relámpagos, ni modo. Otra cosa que acordamos fue dejarle a Domingo como muestra de nuestro agradecimiento, todas las raciones de comida. Sabemos que eso no pagaría ni en mil años el favorsote que de buena gana nos hizo, pero por lo menos fue un buen abono jejeje ;)

Dejar las raciones también aligeraba mucho el peso de los hombros principalmente de las chicas, reorganizaríamos las mochilas y viajaríamos más ligeros. Justo antes de irnos a dormir se nos agotaron los tanques de butano de nuestras hornillas, por lo que tuvimos que sustituirlos por unos nuevos, así también a Juan Carlos y a mí se nos reduciría el peso, pues llevábamos otra reserva de tanques aparte de las tiendas de campaña y otros aditamentos que las chicas no cargaron en sus equipos.

Pronto, la cocina quedó vacía y después de los respectivos agradecimientos a nuestro anfitrión, nos retiramos a nuestros aposentos, poco a poco el arrullo de la lluvia golpeteando sobre el techo de lámina de la casa nos llevaría a los brazos de Morfeo y descansaríamos como si no hubiera futuro.
Aún no sabíamos que al siguiente día pasaríamos la prueba final para dejar ese precioso trozo de la Sierra Tarahumara.

domingo, marzo 11, 2007

Bitácora de Excursión
Día 4
Parte 1

Pues Bien, La lluvia que se había desatado unas horas después de anochecer se volvería una sola “transmisión de ruido blanco”, de cuando en cuando me despertaba en la madrugada y seguía escuchando el continuo acribillar de gotas en nuestra tienda que a veces disminuía y a veces arreciaba con particular enjundia. Ya adaptado mi reloj biológico a las condiciones que días atrás veníamos experimentando, me fui despertando como a eso de las 7:00 de la mañana, mientras me iba desamodorrando pensaba que la lluvia había cesado, pero ¡Oh sorpresa! mis oídos ya se habían acostumbrado al constante golpeteo de las gotas que sólo después de un par de minutos que me tomó despertar completamente me di cuenta que “Tata Dios” había tenido el descuido de haber dejado abierta la regadera… ...todavía.

Honestamente mi humor fue poco a poco yéndose a pique, pues comencé a reflexionar que no iba a ser nada divertido el realizar una incómoda caminata, comer raciones frías y armar el campamento bajo lluvia después de un extenuante día. El buen sabor de boca que había dejado el buen clima de la jornada anterior evidenciaba aún más el contraste y eso reforzaba mi sentimiento de frustración.

En fin, fue como hasta las 10:00 de la mañana que Yenni y yo fuimos preparándonos para desayunar unas barras energéticas y un poco de carne seca. Dado que no pudimos encender la hornilla dentro de la tienda, nos abstuvimos de beber una deliciosa taza de chocolate calientito, tuvimos que tomar agua para pasarnos el masacote que estábamos deglutiendo, así que fue una experiencia un tanto reñida con las buenas costumbres y reglas culinarias jejejeje. Parte del show campestre jejeje.

De pronto, desde la otra tienda y dándose cuenta que nosotros ya nos habíamos despertado, Juan Carlos y Gaby nos lanzaban un penoso llamado de auxilio. Nos informaban que desafortunadamente la noche anterior la habían pasado muy mal, ya que una fisura que misteriosamente apareció en su tienda, dejó entrar poco a poco la copiosa agua que caía inmisericorde sobre su carpa. Sus sleeping bag se habían mojado hasta la mitad y parte de su equipo había corrido la misma suerte, la tienda literalmente como se dice en el argot marinero estaba “haciendo agua” y ya la situación de estos dos chamacones era insostenible y cabe decir que hasta miserable.

Rápidamente me puse las perneras de nieve, mi chamarra, me calcé mis botas y salí de la tienda para verificar la situación. Realmente era la cereza que coronaba el pastel de mermas, la escena era realmente triste. Los compañeros se habían apertrechado en la parte más “alta” de la tienda, dado que el terreno tenía un ligero declive, casi todo el equipo, sus cobijas, sus sleeping bag estaban a merced de un lago de agua que se había creado en la zona baja y que se había expandido casi hasta la mitad del piso de su tienda. La evidencia era contundente y el mensaje no pudo ser más claro: Nuestro objetivo ya no era llegar hasta Guagueyvo, sino salir con bien de esa incómoda situación.

Después del desconcierto inicial, mi hermano y yo acordamos tomarle la palabra al amable lugareño que nos había ofrecido cobijo en su rancho que se encontraba cercano a nuestra zona de campamento, así que comenzamos a tomar acciones. Le pedí a Gaby que se quedara con Yenni en mi tienda y que dejara resguardado lo mejor posible su equipo. Mientras tanto Juan Carlos y yo caminaríamos hasta el ranchito para pedir posada y de darse el contacto, volveríamos por ellas para empacar y abandonar la zona de campamento.

Esperamos un par de minutos hasta que Gaby pudo “mudarse” a mi tienda, nos despedimos de las chicas y emprendimos la caminata. La lluvia parecía arreciar en ocasiones y después volverse a calmar, el poco pero rebelde viento también hacía de las suyas. La temperatura no había subido en lo absoluto, así que nos esperaba una jornada realmente fría. El cielo cerrado parecía una sola lámina gris resplandeciente que nos disparaba millones de pequeñas gotas gélidas a nuestros rostros, por lo tanto decidimos acelerar el paso para llegar lo más pronto posible; ahí me di cuenta que mi hermano no se había recuperado completamente de sus heridas y que la caminata, aunque corta, dejaría mella en su atribulado pie. Pronto, por medio del camino principal alcanzaríamos la cima de la colina donde se encontraba el ranchito, nos percatamos que una barda perimetral y una gran puerta de metal nos separaban de la casa, decidimos llamar al casero desde ahí. “¡¡Buenos Díaaaaaas!!” gritamos en repetidas ocasiones. Varios intentos después y sin obtener señal de que los dueños de la propiedad estaban presentes, decidimos abrir la gran puerta de metal y entrar para tocar en la puerta de la casa, no habíamos recorrido ni la mitad del camino cuando de ésta emergió una figura menuda. No se parecía en nada al amable señor que nos había visitado días atrás, se trataba de un adolescente de origen tarahumara que asumimos era el que cuidaba la propiedad, así que comenzaron las formalidades.

Mediante un atropellado relato, contamos la serie de peripecias que habíamos sufrido, terminando con la recomendación que su patrón nos había ofrecido para resguardarnos en su casa, El callado y atento joven no reparó ni un solo segundo y accedió de inmediato a prestarnos la ayuda. Ha sido el momento más feliz de mi vida en lo que va del año, así que con gran júbilo le informamos que volveríamos a nuestro campamento a recoger nuestras cosas y al personal que faltaba. El serio personaje asintió y nos recomendó bajar la colina por un sendero para llegar más rápido al camino de donde habíamos llegado, Juan Carlos y un servidor aceleramos la marcha para llegar rápido al campamento.

Justo cuando íbamos bajando la colina, la lluvia había disminuido considerablemente, así que nos dimos prisa para llegar a desinstalar el campamento y recoger todo con relativa “sequedad”, llegando al campamento le dimos la buena nueva a las chicas quienes rápidamente comenzaron a ayudar en la labor de desinstalación, en mitad de la tarea, la lluvia volvió a arreciar, por lo que atrasó un poco las cosas, pero en un poco tiempo ya estábamos con mochilas en hombros caminando hacia nuestra bendita salvación.
Continuará…

sábado, febrero 24, 2007

viernes, febrero 23, 2007

Bitácora de Excursión
Día 3

Después de haber pasado una noche de perros y con un desasosiego bárbaro, el amanecer comenzó a rayar con un inusual silencio en los alrededores del campamento. Pareciera como si a toda la escena alguien hubiese presionado el botón “mute” del control remoto. No se escuchaba ni pío. El silencio lo rompió Yenni, quien sabiendo que estaba despierto, se animó a hablarme y pedirme que le acompañara a salir al baño pues le urgía tremendamente. Jejje, a pesar del sub-polar clima que predominaba en la atmósfera interna de la tienda, me armé de valor y comencé a ponerme las botas y las perneras de nieve. Cuál va siendo la sorpresa al salir de la tienda, que todo el piso alrededor nuestro estaba literalmente “hinchado”. Dado que en la noche lloviznó bastante, las bajas temperaturas que probablemente hubieron oscilado por los -10º C, congelaron toda el agua que se alcanzó a infiltrar levemente en el suelo de barro que había en las inmediaciones del lugar, por lo que al congelarse esa agua, levantó una capa de lodo de algo así como 7 centímetros. La escena se veía como si una gran masa de “nieve de chocolate” rodeara nuestro asentamiento. Bien, repuestos del inusual y sorprendente descubrimiento, y habiendo desahogado nuestras urgencias fisiológicas, decidimos salir disparados a la tienda para guarecernos de las gélidas temperaturas que aún imperaban en la zona.

Ahí permanecimos dormitando todavía un buen rato guarecidos en nuestros sleeping bag hasta que, más tarde, otra sorpresa nos alentaría a salir. Un potente rayo de sol atravesaba el techo de nuestra tienda, prometiendo un poco de descanso de las bajas temperaturas y de las lloviznas continuas que se habían dejado sentir desde que llegamos al lugar. Salimos de nuestra tienda y para sorpresa, el cielo se había despejado rápidamente, dejando de lado el monótono color gris que lo había caracterizado los últimos días y mostrando una explosión de azul brillante majestuoso. Rápidamente el personal se reincorporó y al unísono sacamos cacharros para almorzar, simultáneamente, decidimos poner a secar toda la leña que pudiéramos para no pasar altercado alguno cuando oscureciera. Habiendo hecho esto mi hermano me informó que, dado el respiro climático que predominaba ese día, pensaba prudente curar sus heridas y descansar ese día. Aunque sonaba perder valiosas horas de camino para poder llegar a nuestra meta ese día, no me podía negar dadas las circunstancias que habían prevalecido hasta el momento. Juan Carlos, Gaby, Yenni y yo aprovechamos esa alba para explorar los alrededores, arreglar y deshacer el mundo y discutir los detalles del itinerario del próximo día.

La verdad lo único relevante de esa jornada fue que la temperatura subió por lo menos hasta unos 10ºC y estuvo sumamente agradable. Bastante leña que habíamos apilado desde el día pasado se secó a satisfacción, así que aseguramos la fogata de la noche. Juan Carlos y Gaby tuvieron oportunidad de secar varias prendas que por alguna circunstancia se habían empapado en los días anteriores. Yo tuve oportunidad de inspeccionar mi equipo, checar las baterías de mis aparatos y reordenar la despensa que se iba consumiendo para re-acomodarla en mi wet bag. Llegó la hora de comida y en la “sobremesa” estuvimos bromeando con la cámara de video de Juan Carlos haciendo una parodia de la película de horror “Viernes 13” donde curiosamente unos inocentes y desenfadados campistas mueren víctimas del hacha sanguinaria del psicópata que siempre aparece en situaciones como esta, jejeje ya se, puras tonterías. También tuve oportunidad de sentarme y escribir con calma las ideas principales de los acontecimientos de los días anteriores para la redacción de este blog y poner en orden algunas notas que garrapatié al azar en mi “palm análoga”. El día transcurría con verdadera calma y pude apreciar que necesitaba ya un descanso del ajetreo diario. Después de todo el día de flojera rampante nos dedicamos a confeccionar la fogata y poco antes de caer la noche, ya teníamos el bracero a todo lo que daba.

Fue justo antes de ponernos a cenar cuando la temperatura comenzó de nuevo su brusco descenso y pudimos notar cómo rápidamente el cielo se volvía a cerrar en una espesa capa gris de nubes. Después de la cena, y de haber lavado los cacharros en el arroyuelo cercano, la temperatura volvió a recrudecerse, yo pude percibir que tenía empapado el gorro y la superficie de mi chamarra con una fina capa de rocío, por lo que no dudamos en dar por concluidas las acciones del día y retirarnos a nuestros aposentos. Otra tormenta se desató justo unas horas después de habernos instalado en la comodidad de nuestros sleeping bags y de ahí no pararía…
Continuará…

martes, febrero 13, 2007

Bitácora de Excursión

Hola! aquí les dejo una secuencia mental de la historia detrás de las ampollas de mi carnalito que, dicho sea de paso, nos aguaron el viaje. Jejejejejjejejeje ni modo carnalito, se vale el balconeo, aquí se los dejo, disfrútenlo.

Garrison

domingo, febrero 04, 2007

Bitácora de Excursión
Día 2
Parte 2

Desde el levantón que nos daría el bien ponderado e Indianajonezco Samuel, habríamos de recorrer a bordo de su pick-up la no despreciable cantidad de 10 kms. Entre tumbos, salpicaduras de lodo y bravas sacudidas llegamos hasta una bifurcación del camino en donde, de un lado había una señalización que claramente se leía “Guagueyvo 20”, la ruta de terracería que formaba el otro extremo de la “Y” no la marcaba alguna señalización o nomenclatura que indicara el destino a llegar. Samuel detuvo su camioneta, con una señal nos dijo que el “aventón” había terminado y nos indicó que si nos dirigíamos a Guaguachique tendríamos que recorrer el camino no marcado, y que el poblado ya estaba a tiro de piedra. A mi hermano y a un servidor nos pareció harto extraña la indicación, puesto que hace dos años de nuestra visita no había ese tipo de señalizaciones ni que el camino se dividiera de manera tan abrupta y dispar, pero “dos años son dos años, quizás las cosas han cambiado bastante por aquí” –pensamos- “además, Samuel ha de conocer la zona más que nosotros, quizás él trabaja en el aserradero y ya está familiarizado con los rumbos de esta región” –razonamos- sin más, decidimos recorrer el camino no marcado a pesar de que mi señal interna de alerta parpadeaba sin cesar. Asumo que la de mi hermano también se activó, pero como los razonamientos antes expuestos eran abrumadoramente lógicos y plausibles, decidimos ignorar la alerta y comenzamos a caminar, caminar y caminar.

Cabe mencionar que todo el trayecto que recorrimos en la pick-up, la fina lluvia que sutilmente nos había acompañado no lo hacía más, hasta unos minutos después de habernos apeado del transporte y reanudar la caminata se pudo percibir su presencia, y en poco tiempo ya la teníamos encima de nuevo pero con menos intensidad que la que habíamos dejado atrás. Afortunadamente la “ducha” duró solo unos minutillos y tan repentinamente como empezó, así también se fue, dejando una gélida sensación en su lugar; había comenzado a helar de nuevo y cada vez se dejaba sentir el brusco cambio de temperatura por medio del viento que a ratos nos latigueaba con efímeras y bruscas ráfagas.

Apenas habíamos recorrido algo así como dos kilómetros, una pick-up cuya caja rebosaba de lugareños protegidos con gruesas cobijas se nos emparejó y el conductor asomando su cabeza con una curiosidad y asombro reflejado en su rostro nos examinó de pies a cabeza y acto seguido nos preguntó el destino al cual queríamos llegar. Nos detuvimos por un momento y recobrando el aliento le respondimos que a Guaguachique, mi hermano le preguntó que cuánto faltaba para llegar, inmediatamente una sonrisita auguró las malas nuevas, “El poblado al que llega este camino no es Guaguachique, se llama Lagunillas…” -- aseveró con mucha seguridad -- “ …y para Lagunillas faltaba todavía bastante. Más atrás está un camino que lleva a Guagueyvo, está marcado en una señalización, siguiendo ése llegarán a Guaguachique”.

Con unas caras de desconcierto (que imagino seguramente habrían ganado un concurso) nos miramos entre todos, agradecimos la información patrocinada por nuestro incidental amigo quien sin más partió presuroso. Al unísono comenzamos a despotricar en contra del buen samaritano que nos había dejado en la citada bifurcación, jejeje ¡pobre Samuel pero si se lo merece! Jejeje. Y habiendo desahogado nuestra frustración con un apaleador y florido lenguaje de carretonero en contra del buen Sam, dimos por inútilmente invertido el esfuerzo y no tuvimos más remedio que silenciosamente dar media vuelta y reanudar la marcha.

Para colmo de males, de nuevo mi hermano comenzó a quejarse de sus castigadoras ampollas y advirtió que no seguiría más por el día, ya que había aguantado lo más posible y necesitaba realizarse una curación y reponerse si queríamos seguir hasta el final de la aventura, así que todos asentimos sin chistar y comenzamos a buscar por el desandado camino un lugar para plantar el campamento. Mientras dábamos la vuelta pudimos ver en una colina un ranchito con varias casas y corrales.

Fijamos el campamento como a un kilómetro desde el punto de retorno, muy cercano al camino y a una corriente de agua. Se notaba que ahí se abastecían los lugareños de leña, pues podían notarse varios árboles derribados por hacha y algunos trozos grandes de madera esparcidos por aquí y allá. Otra cosa que notamos fue que en algunas partes de los alrededores se conservaban unos lunares de nieve de aproximadamente 4 o 5 metros de diámetro, y de unas 3 pulgadas de espesor, señal de que la nevada que había caído en días anteriores había estado bastante buena. El campamento lo comenzamos a armar y ahora tuvimos la precaución de crearle un techo a los troncos que recogimos para posteriormente emplazar la fogata, pues se avecinaba una noche bastante gélida y con bastantes probabilidades de que cayera otro chaparrón. Aunque la mayoría de los troncos estaban húmedos, los apilamos de manera que pudieran secarse en un corto plazo, desgraciadamente no fue suficiente tiempo para tener lista una hoguera para esa noche. Habiendo instalado y acondicionado las carpas para pernoctar en el lugar, comenzamos a preparar nuestra merecida merienda.

En eso estábamos cuando pudimos ver cómo otra pick-up aparecía por el camino y se detenía a un par de metros de donde estábamos. De la ventanilla emergió la figura de un señor que amablemente nos preguntaba qué hacíamos ahí; pudimos percibir la misma cara de asombro y curiosidad que vimos en el otro personaje que había pasado un par de horas antes. Caí en cuenta que para esta gente parecía descabellado andar por esos páramos a sabiendas del temporal que se avecinaba; si bien la ropa, el sleeping bag y la tienda de campaña que llevaba cubría en toda forma la función de protegerme del gélido clima, podía sentirse que la situación estaba tornándose seria. Entre un par de chascarrillos el amable personaje nos ofreció estancia en su rancho, ya que quedaba muy cerca de donde estábamos y contaba con suficientes habitaciones para poder acogernos (y adivinen, resultó ser nada más y nada menos que el dueño del ranchito que vimos varios cientos de metros atrás en la colina). Agradecimos la evidente atención y preocupación por parte de esta persona, nos despedimos y pronto vimos cómo su camioneta se perdía en la espesura del bosque.

Comentamos como chascarrillo que dadas las condiciones climáticas que se estaban dejando sentir, probablemente le tomaríamos muy en serio su propuesta y volvimos a nuestros asuntos (¿quien iba a pensar verdad? Jejejeje). Mientras comíamos mi hermano me informaba que la situación con su pie parecía ser más grave de lo que él había pensado, por lo que analizaría la situación al siguiente día para ver qué tipo de acciones convendría hacer.

Mi preocupación comenzó a hacerse más grande pero confiaba que el carácter meticuloso de mi hermano saliera a relucir y pudiese reponerse de ese inconveniente de manera rápida. No por nada había llevado un botiquín mucho más completo del que traíamos en nuestros bolsillos de supervivencia, además que para armarlo lo estuvieron asesorando los doctores y enfermeras compañeros de trabajo. La noche cayó rápidamente y con ella el frío comenzó a recrudecerse. Pronto recogimos todos los cacharros de la comida y tuvimos que retirarnos a nuestras respectivas tiendas para afrontar la gélida noche. Al poco rato de habernos instalado dentro de nuestras carpas se dejaron sentir unas lloviznas que a mi parecer sonaba como agua-nieve pues la temperatura estaba bajando drásticamente. La mentada llovizna continuó intermitentemente hasta bien entrada la madrugada, para después cesar por completo. Lo recuerdo muy bien, dado que esa noche tuve un sueño intranquilo y me despertaba en lapsos de media a tres cuartos de hora. Viéndolo en retrospectiva, mi intranquilidad radicaba en lo frágil que se estaba volviendo las situación y que a mi parecer podría salirse de control en un santiamén. Como dije en la introducción, las lesiones y el clima son dos aspectos que se deben de tratar con sumo cuidado, y las decisiones que se tomen deben ser para salvaguardar la integridad de la persona dañada, así como la de los demás miembros de la excursión. Otra de las cosas que me preocupaba era el llegar. Pero si para lograrlo tendríamos que llegar hechos harapos, no iba a tener tampoco chiste, iba a ser como una victoria pírrica. En fin, que mientras le daba vuelta en mi cabeza a esas reflexiones por fin pude conciliar el sueño teniendo claro que lo que se avecinare, tendría que afrontarlo con cautela y mente fría.
Continuará…

jueves, febrero 01, 2007

Bitácora de Excursión
Día 2
Parte 1

Me desperté en la madrugada como eso de las 3:00 a.m., la razón fue un extraño “ruido blanco” que comencé a escuchar entre sueños. Para mi sorpresa y mientras iba cobrando conciencia me di cuenta que se trataba de una fuerte lluvia que al parecer tenía rato de haberse desatado. Inmediatamente me vino a la mente la fogata (que para esas alturas obviamente ya había sido víctima del chaparrón) así que no hallándole remedio a eso sólo me restó arroparme con mi sleeping y tratar de conciliar el sueño nuevamente, lo cual logré media hora después. El mismo ruido blanco que generaba las diminutas gotas que acribillaban nuestra tienda me llevaron lentamente a los brazos de Morfeo, hace muchísimo tiempo que no sentía esa paz y arrullo que logra dar la naturaleza y sólo ella, así que me dejé llevar hasta que de nuevo me sumergí en un profundo sueño.

Una de las cosas que alcancé a percibir antes de quedarme profundamente dormido, fue el intenso frío que había en la atmósfera interna de mi tienda, ya que mi pasamontañas presentaba algo de condensación de la humedad, al igual que algunas partes externas de mi sleeping bag. Calculo que la temperatura exterior estaba en algunos grados apenas sobre cero.

Varias horas después (como a las 8:00 a.m.) nuevamente fui despertándome lentamente y me di cuenta que el techo de la tienda era golpeado por esporádicas gotas de agua, por lo cual deduje que la lluvia había cesado y el goteo era ya sólo el efecto de el agua residual atrapada en las hojas y ramas de los árboles que nos arropaban, comencé a escuchar un leve murmullo de viento que hacía que las ramas de los árboles cercanos se mecieran pesadamente. Fue cuando recordé que no habíamos tapado la leña que juntamos el día anterior, así que ni modo, adiós calefacción. Nos conformaríamos con la llama de la hornilla mientras cocináramos, pensé. Al tiempo que me iba desamodorrando, escuché unos breves murmullos que provenían de la tienda de mi hermano, por lo que me percaté que ya se habían despertado. Apuré a Yenni para que hiciera lo propio y pronto ya estábamos preparados para salir al exterior. Una bofetada de viento gélido me recibió apenas abrí el zipper del lobby de acceso a mi tienda y me percaté que el fresco que cayó la noche anterior aún imperaba reforzado por el viento. Apresurándonos fuimos al río a lavarnos y tan pronto como terminamos nuestro aseo, acondicionamos la hornilla para preparar una bebida caliente que nos aliviara de tanto frío. Pronto mi hermano y Gabriela salían de su carpa preparados para desayunar y en un dos por tres ya todos teníamos nuestro chocolate caliente a la mano brindando sarcásticamente por haber “sobrevivido” a esa noche. Poco a poco el viento fue disminuyendo hasta convertirse en una esporádica y gélida brisa, así que volvió todo más fácil para cuando tuvimos que desmontar el campamento y prepararnos para partir. Aunque la lluvia había cesado, decidimos ponernos nuestros trajes de nieve por si nos sorprendiese en el camino la lluvia o la misma nieve. Mi hermano aún se quejaba de su pie, por lo que tomamos la decisión de irnos a un paso lento pero constante para ver qué tanto aguantaba. Antes de que acabara ese día el padecimiento de mi carnalito crecería exponencialmente hasta no permitirle caminar más.

Habiendo terminado de desayunar y de desmontar el campamento, como a eso de las 10:00 a.m., partíamos del punto en el que habíamos acampado y reanudábamos la caminata. El cielo cambiaba repentinamente de apariencia, y algunas veces se veía amenazadoramente nublado como si fuese inminente la descarga de todo su contenido y a ratos se podían ver retazos de nubes y niebla viajando a gran velocidad a través de las crestas de los cerros y montañas aledañas. El paisaje no dejaba de presentar un concierto visual y en lo personal me sentía como pez en el agua. El frío rozando mi cara y el olor a pino que inundaba el ambiente era la gasolina que me permitía seguir a pesar de la carga que tenía que transportar a través de las grandes pendientes y las resbaladizas bajadas.

Después de haber caminado unos cuantos kilómetros comenzamos a notar que una brisa imperceptible se convertía en una lluvia caladora, y toda nuestra humanidad comenzaba a sufrir los estragos de la gélida y fina agua que caía constantemente y en aumento. En ese punto del día mi carnal confesó que ya no aguantaba su pie, que la última vez que había revisado la situación, se había percatado que tres grandes ampollas se habían reventado y que iba caminando prácticamente sobre carne viva. Esa confesión me pareció que daba al traste con todo lo que habíamos logrado, aunque habíamos avanzado un buen tramo, aún faltaban dos terceras partes que recorrer y si el clima seguía de esa manera, lo más prudente sería detenernos y esperar a que el temporal pasara y de plano perder el día de caminata y acampar, puesto que una cosa es soportar frío extremo, pero la otra sería soportar el frío extremo más el riesgo de empaparse lo cual podría habernos traído consecuencias nefastas.

Nos detuvimos debajo de un par de pinos que crecían muy unidos a la orilla del camino y que nos ofrecían un resguardo ideal contra la fina lluvia mientras decidíamos qué hacer. El primer impulso que se nos ocurrió fue acampar por el resto del día y que mi carnal se curara sus heridas. Yenni y yo fuimos a explorar por el camino para ver si encontrábamos un punto en el paisaje en el cual plantar el campamento, desgraciadamente las opciones se limitaban a lugares abiertos y expuestos al viento y a la lluvia y cercanos al arroyo que serpenteaba junto al camino de terracería que seguíamos. Volvimos con los resultados de la búsqueda y le comunicamos a mi hermano la idea de plantarnos un centenar de metros más delante, cosa que no le convenció mucho en cuanto llegó al lugar. De pronto se le ocurrió la idea de hacer un poquito de trampa dadas las circunstancias y pedir a cualquier transporte que nos acercara a Guaguachique. Esa idea parecía la ideal dado que habíamos visto un constante tráfico de camiones de carga que iban y venían del aserradero llamado “El Cebollín” que queda muy cerca al poblado en cuestión. Ni bien habíamos quedado de acuerdo, comenzó a escucharse a lo lejos el motor de un vehículo entre las escarpadas paredes de roca que nos rodeaban. Al poco tiempo salió de entre los sinuosos recovecos del camino una camioneta que venía en nuestra dirección. Atiné a detenerla y explicarle nuestra situación. La persona en cuestión accedió de muy buena gana a dejarnos cerca del pueblo de Guaguachique, ya que iba a un poblado llamado Corereachi que quedaba de paso, así que ni tardos ni perezosos nos trepamos en la caja y avanzamos un gran tramo salvados de la lluvia y esperando que fuese la solución para que mi carnalín descansara un poco de las dolencias que lo venían agobiando. Pero eso sólo vendría a ser el principio de lo que se presentaría luego…
Continuará.

martes, enero 30, 2007

Bitácora de Excursión
Día 1 . Fotos



Bitácora de Excursión
Día 1
Parte 2

En cuanto pusimos un pie sobre el camino me comencé a dar cuenta de la magnitud de la empresa en la que nos habíamos embarcado pero tenía más que nada la adrenalina a todo lo que daba y la emoción de estar ya ahí. Aunque el peso de la mochila y el equipo en general ya estaba siendo probados in situ y la verdad estaban un poco pesados, no implicaba por lo menos para mi, una dificultad a priori. Mi preocupación desde el principio fue el clima, pensé por los reportes que nos habían llegado que iba a estar nevado todo el tiempo cosa por la cual íbamos muy preparados así que cuando nos bajamos del autobús, fue un tanto desconcertante que no fuese así, de hecho, había vestigios que nos indicaban que hacía por lo menos un par de días que había caído una nevada más o menos regular. Las montañas cercanas lucían una cresta blanca y en algunos puntos cercanos al nivel en el que estábamos se veían lunares blancos dispersos por el paisaje. Otra cosa que nos sacó de onda fue el cálculo de la distancia desde ese punto hacia Guagueyvo. En el Google Earth habíamos calculado por lo menos 70 Kms. (de ida y haciendo un cálculo bastante holgado) con la herramienta de regla. Para nuestro beneplácito y desconcierto, la distancia se reducía a nada más ni nada menos que 45 Km. Según una señalización que pudimos encontrar más adelante. En fin. Respiré un tanto aliviado por esa situación mientras daba grandes zancadas para alcanzar al contingente.
Un susto que me pegó mi carnal apenas comenzando la caminata fue una torcedura de pie que sufrió justo a unos cuantos cientos de metros de haber empezado. Mi hermanito fue a parar con toda su humanidad por el suelo y el saldo fue un pantalón para nieve rasgado, por fortuna su pie no sufrió un daño serio y pudo reincorporarse para seguir caminando. Gaby se comenzó a quejar del excesivo peso que iba cargando, pero viendo el tipo de mochila que había llevado para la excursión no me extrañaba nada, se trataba de una mochila de tipo militar que desgraciadamente no ofrecía ningún tipo de agarre extra ni se podía distribuir el peso a lo largo de la espalda, sino todo lo contrario, el peso se situaba horizontalmente y justo en las vértebras lumbares. A pesar de las indicaciones que les dimos eso fue a llevar, en fin.

Las 3:00 p.m. llegaron y pasábamos a través del pueblito de Samachique. Vimos cómo un autobús llegaba a un punto del camino y descargaba y recogía pasajeros, intuimos que se trataba de alguna línea que entraba al pueblito y se regresaba a Creel, ese iría a ser un importante factor para salir de ahí días más tarde.

Como en la zona serrana la puesta del sol se adelanta unos minutos dada la altura de las montañas y por el hecho de ser invierno, acordamos detenernos donde fuese necesario al punto de las 4:00 p.m. ya que nos daba tiempo suficiente para acondicionar y montar el campamento y de darse el caso, recoger leña para realizar una fogata y atenuar el intenso frío que ya se dejaría sentir. Mi hermanito fue el primero en soltar el bofe y comenzó a quejarse de un malestar en su pie izquierdo. Sospechó que se podía tratar de una ampolla por lo que tuvimos que adelantar un poco la instalación de las carpas. Necesitábamos alejarnos lo suficiente del pueblo, así que forzamos la resistencia de Juanito un poco para lograr ese objetivo, por fin encontramos un punto que nos pareció adecuado a la orilla del camino como a un kilómetro del pueblito y a varias decenas de metros del río que lo alimenta. Comenzamos rápidamente la instalación del campamento y en media hora ya teníamos la zona acondicionada y las dos carpas levantadas; habíamos recogido una cantidad considerable de leños caídos como para pasar la noche sin problemas, desgraciadamente muchos de los leños se encontraban húmedos pero de todas formas los utilizamos. Cuando el interior de las carpas se hubo acondicionado, los sleeping bags se pusieron y resguardamos el resto del equipo. En ese momento comenzó a caer un intenso frío húmedo y lo podíamos detectar por el excesivo vaho que lanzábamos al hablar o respirar.
Curiosamente el cielo comenzó a despejarse intermitentemente y pensamos que probablemente el siguiente día tendría mejor cara. Comenzó entonces a oscurecer y llegó el momento de acondicionar las hornillas de gas que llevábamos para preparar nuestra primer comida que consistió en una gratificante sopa instantánea calientita a la cual le agregamos trocitos de carne seca y galletas saladas, crema de pollo con champiñones y dadas las bajas temperaturas que ya se dejaban sentir, tomamos un chocolate caliente y de postre una barra de granola. ¡Todo un manjar para esa jornada! La plática discurrió acerca de la situación física en la que nos encontrábamos (“molido” fue el común denominador jejeje) y las impresiones de nuestro primer día. La sobremesa no duró mucho y nos apuramos para ir al interior de las tiendas ya que la temperatura se estaba volviendo insoportablemente fría en el exterior. Nos despedimos, y cada quien a su casita. La noche estuvo caracterizada por varios sonidos “extraños” que se magnificaban por la quietud de esos páramos. Llegamos a sentir que caminaban alrededor del campamento y en algunas ocasiones, escuchamos respiraciones cerca de las carpas. Sospechando que fuesen animales que estuvieran olisqueando la despensa que había dejado en una wet-bag en el lobbie de mi tienda, me asomé lámpara en mano para espantar a quien fuere el intruso, sólo para darme cuenta que no había ni animal, ni humano ni nada en el radio inmediato al campamento. La fogata ayudaba a crear un radio de luminosidad aceptable, por lo cual no pude detectar movimiento en las cercanías. Me quedé despierto un poco más para anotar en mi Palm análoga las impresiones del día y no quise averiguar más, allí fue donde comencé a sentir los músculos como si me hubiesen aporreado y un cansancio bastante acusado, así que me preparé para dormir lo cual disfruté como bebé. Con eso terminaba nuestro primer día en la zona, emocionados, cansados y listos para el siguiente.
Continuará…
Bitácora de Excursión
Día 1
Parte 1

Dieron las 5:30 de la mañana del sábado 13 de enero, mi mirada estaba fija en el techo de mi cuarto iluminado por la luz naranjada que despedía el calefactor eléctrico. Me incorporé en forma lenta y respiré profundamente. Comenté para mis adentros, con una sonrisa involuntaria, que esos habían sido los últimos momentos que pasaba dentro de mi acogedor lecho así que me levanté para comenzar a vestirme, el despertador de mi celular sonó y estiré mi mano para acallar el molesto sonido. Salí de mi habitación y en otra pieza estaba Yenni, a quien le avisé que comenzara a prepararse pues sólo tendríamos poco menos de una hora para partir hacia la central de autobuses de la ciudad para encontrarnos con Gabriela y Juan Carlos mi hermano.

Comencé a desenvolver la ropa que me pondría y que había alistado justo unas cuantas horas antes. Un traje térmico, los calcetines pachones de alpaca, mi pantalón cargo, un par de playeras gruesas, mis superbotas de excursión, mis guantes de lana, las manoplas de nieve, los goggles y mi chamarra. De vez en vez me daba cuenta de que resultaba hasta excesivo todo lo que llevaba, pero doy gracias a Dios de no haber dejado algo de eso en casa.

Terminándome de vestir revisé por enésima vez mi mochila, sólo unos cuantos detalles más mientras escuchaba a Yenni que me preguntaba desde la otra pieza acerca del clima y no se que tantas cosas (es que es muy parlanchina jejeje) al mismo tiempo revisé la mochila de ella y me aseguré que todo estuviera en orden. Le eché un vistazo al ambiente exterior a través de la ventana de mi cuarto y percibí que predominaba el clima frío pero soportable y tranquilo, sin viento ni nubes que presagiaran lluvia. Miré el reloj y me di cuenta que eran las 6:25, habíamos quedado de vernos a las 6:30 en la central, así que el primer cosquilleo de nervios en mi estómago me alarmó y apuré a Yenni para que terminara de alistarse, un par de minutos más tarde estábamos listos para partir, pero un tanto mas cuanto retrasados. El autobús salía irremediablemente a las 7:00 a.m. en punto, así que habría que correr o teletransportarse, salimos de mi casa a toda máquina.

Me sentí aliviado cuando llegamos a la central, lo hicimos increíblemente en 15 minutos, allí ya estaban Juan Carlos y Gaby esperando nuestra llegada, a mi brother le detecté cierta tensión y esa miradita de “ya era hora ca%$&!” en cuanto llegué a saludarles atinó a apurarme para acompañarlo al mostrador para preguntar acerca del número de autobús que nos llevaría hasta Samachique. La amable señorita nos confirmó que la unidad ya estaba en el andén, así que nos dimos prisa para salir de la sala de espera. Gaby se despidió de sus padres y de su novio, quien iba a ir a la excursión también, pero que por motivos de trabajo y otras dificultades de último momento no se lo permitieron, así que habiendo hecho las respectivas despedidas, nos encaminamos hacia los andenes.

Inmediatamente detectamos el flamante y ultramoderno transporte jejeje ;) estacionado a pocos metros de la puerta de acceso, subimos el equipaje y nos trepamos sin más, entre chascarrillos y comentarios diversos esperamos a que se diera la hora y partimos por fin a eso de las 7:15 a.m. Nos esperaría un camino de poco más de 7 horas ya que tuvimos la suerte de realizar interminables paradas para recoger gente que se encontraba en la carretera a mitad de la nada. Eso sin contar las paradas en los poblados más o menos grandes como Cd. Cuauhtémoc, San Juanito, Bocoyna y otros tantos de menor población que quedaban en puntos circunvecinos. Todo el trayecto el clima se torno muy agradable, soleado y cálido hasta el punto de ser sofocante, por lo que tuvimos que deshacernos de las chamarras, chalecos y abrigos. Después de algunas horas alcanzamos (alrededor de las 2:30 p.m.) a detenernos en un sitio llamado “La Casita” que viene a ser el entronque de la carretera principal con el camino de terracería que lleva a Samachique. Como era de esperarse, el autobús sólo se detuvo en la intersección y tuvimos que bajar todo el mochilerío. Al bajar del autobús detectamos una ligera onda gélida que predominaba en el ambiente, el cielo estaba densamente nublado así que gorros, guantes y chamarras volvieron a ser parte de la indumentaria de rigor. Poco después de bajar del autobús Gaby sufrió un ataque de náuseas pues venía un poco enferma de mareo, ya que son interminables las curvas que trepan y bajan los acantilados y montañas del tramo de Creel hasta el punto donde nos encontrábamos. Después de unos cuantos cánticos a Oaxaca, “hablarle al mostro” y “Llamarle a Hugo” jejeje ustedes captan no? Jejeje ;) Gaby por fin se repuso y después de ese pequeño incidente nos preparamos para partir, acomodamos a nuestras espaldas lo mejor que pudimos nuestro equipaje y comenzamos a andar. En ese punto comenzaba nuestra caminata.
Continuará…

lunes, enero 29, 2007

Bitácora de Excursión
Introducción
Qué tal?
Bien, pues ya me he podido sentar tranquilamente a redactar esta entrada que abre la descripción de las experiencias vividas en la excursión que denominamos pomposamente el "Guagueyvo Trekking Challenge ´07" jejeje ;) discúlpenme por la demora de esta entrada, pero tuve que ponerme al corriente de muchos asuntos apenas llegué a la ciudad, pero en fin, aquí estamos. Ahora me asalta una pregunta: ¿cómo empezar? son tantas cosas las que me vienen a la cabeza que no se cómo acomodarlas apropiadamente, bueno, consultaré el diario ( mi "Palm análoga" jeje;) ) que me llevé para anotrar mis vivencias día a día, más algunas cosillas que vayan saliendo de mi memoria RAM.

Para empezar tengo que confesar que me siento un tanto contrariado y hasta cierto punto frustrado, pues el objetivo de llegar hasta Guagueyvo no se pudo cumplir. A pesar de que en la planeación de esta excursión pensamos en los víveres, el tipo de equipo, el tipo de vestimenta, los conocimientos de campismo, de primeros auxilios, etc. nunca se nos ocurrió pensar en dos factores que estaban latentes y que no tendríamos hasta cierto punto control sobre ellos: 1.- Las lesiones y 2.- El clima.

Pero también viendo las cosas en retrospectiva, y sacándole el mejor partido a la situación, no sé que hubiese pasado si nos hubiésemos arriesgado a tomar decisiones muy aventuradas y pasar por alto estos dos factores. Quizá la historia que estaría escribiendo tendría tintes más dramáticos o quién sabe qué más.

Por otro lado, y permitiéndome parafrasear al actor Tom Hanks (personificando al Capitán James A. Lovell de la cinta Apollo 13) dijo al final de la peli algo así como: " Nuestra misión fue un fracaso exitoso, ya que volvimos con bien de una situación desfavorable, a pesar de no haber cumplido con el objetivo". Siento al mismo tiempo que esta prueba reafirmó la confianza en mí mismo y fue como una recarga de pilas para seguir adelante con las cosas de la vida que se presentan a veces difíciles pero que si uno quiere, puede. En fin, que de todo se aprende.

Bien, a continuación les describiré lo que sucedió en esos 5 días por aquellos páramos de la sierra tarahumara.

jueves, enero 18, 2007

viernes, enero 12, 2007

Última llamada... VAAAAAAAAAAMONOOOOOOOOSSS!!!
Bien, como no hay plazo que no se cumpla, ha llegado la hora (como decía el estimado magazo de magos Beto "El Boticario") "¡Ha llegado la hora cuchicuchi, la hora chimengüenchona, la hora ya vas que chutas!" jejeje o sea, simple y llanamente: ¡¡Ya estamos listos para partir!! A sólo seis horas de levantar la calza estamos con el equipo preparado, repasando los conocimientos adquiridos, apuntando las últimas recomendaciones, y en fin, ansiosos y con la motivación a todo lo que da.
Sale pues raza, como ya no sé qué poner por la emoción mejor me voy a hacer la meme a ver si puedo disipar la adrenalina, pues mañana será un día de muchas emociones. Nos vemos en una semana, si Dios no dispone de otra cosa, y les postearé los pormenores de la excursión, espero tomar muchas fotos y prepararles una redacción día a día de lo que acontecerá por aquellos lugares. Pórtense bien mientras no estoy ¿eh? jejejeje ;) les encargo mucho el changarro.
Nos vemos!
Garrison
Los últimos arreglos y nos vamos....
Qué Tal?
Pues por fin, este día concluyó. Hubo muchas cosas y pendientes que hacer, y al fin se completaron en tiempo y forma. Por ejemplo, hoy preparé mi mochila y la de una compañera de la excursión, me di a la tarea de incluir cuanta cosa consideraba importante, fácilmente la llené y la vacié unas 3 veces para asegurarme de que todo estaba en su lugar y en orden.
Me preocupa un poco el peso que las chicas llevarán en sus mochilas, ya que se ven muy aparatosas. Pero en fin, le comenté a mi hermano que podríamos consumir primero las reservas de agua y las raciones de las chicas, para así ir paulatinamente bajandole al peso de sus equipos. Mi hermano estuvo de acuerdo y parece que el plan a seguir será ese. Me probé mi mochila con la chamarra, los guantes, las botas de nieve y otras cosas para irme acostumbrando, se siente bien aunque con un poco de pesadez, en fin, espero no terminar como tortuga patas ´pa arriba allá en la montaña jejeje ;)
Luego mi hermano me dio la noticia de que tal parece que una persona que había desertado del contingente dijo "siempre si voy" lo que no me dejó muy en claro es si va en serio o qué onda, aunque nosotros ya hayamos comprado ayer los boletos del autobús, aún tiene tiempo de hacer lo propio, al cabo la despensa personal ya la tiene, así que tiene chance de unirse de nuevo.
Yo por lo pronto tuve hoy mi "rush of blood to the head" bastante ruda, ya que había pedido mis vacaciones desde este lunes y apenas hoy a medio día se dieron cuenta de que el memo de la notificación les había llegado, dado a que mis días de asueto comenzarán a surtir efecto el día de mañana, la prisa por que me hicieran el papeleo se volvió más cardiaca, pero todo salió bien y mi jefa alcanzó a firmarme los correspondientes permisos, así que al trabajo no volveré por lo menos hasta el 6 de febrero. Por lo pronto, el día de mañana me servirá para ir de compras por unas cosas que aún me faltan y que no había tenido chanza de ir a mercar por ondas del trabajo y cosas por el estilo. Mañana aprovecharé también para redactar con toda calma los menús de la gente y acordar los últimos detalles previos con mi hermano.
Por otra parte, gracias al infalible informante meteorológico con el que tenemos la fortuna de contar, su pronóstico ha sido sumamente acertado y esta semana hemos tenido unas temperaturas sumamente agradables, el clima de allá al parecer va a mejorar mientras andemos por aquellas comarcas, así que yo ya estoy con una pezuña arriba del autobús listo para partir.
Bien, ya tengo mucho sueño, hoy ha sido un día de muchas emociones y ya me dispongo a hacer la meme, no quise dejar pasar este día en blanco sin actualizar el H.H. Blog con el artículo que faltaba del tema Agua y espero avanzare mañana y postearles el último aviso ya tarde, así que nos vemos luego y estamos en contacto chamacones.
Bye!
Garrison
TÉCNICAS BÁSICAS
AGUA . PISTAS PARA LA OBTENCIÓN DE AGUA
Parte I

La tarea de obtención de agua en una situación de emergencia tiene como agravantes primordiales el tipo de clima y/o el área geográfica en donde nos encontremos. Así pues, lo que leerás a continuación son sólo pistas para que puedas, en lo posible, encontrar y potabilizar el agua disponible en el lugar donde te encuentres.

NOTAS PREVIAS Y PRECAUCIONES

1- REGLA DE ORO: LLEVAR CONSIGO RESERVAS DE AGUA POTABLE Y/O ALGÚN MÉTODO PURIFICADOR DE AGUA.
Cuando se decide ir a un paseo a zonas silvestres, es siempre importante llevar una reserva de agua y adicionalmente algún método purificador (tabletas, gotas especiales o simplemente una botellita con cloro comercial). Tomando en cuenta los artículos anteriores acerca de la deshidratación, aprendimos que la cantidad de agua que se debe beber crecerá exponencialmente en función de la edad y complexión de la persona. Esta dotación se ha medido bajo una jornada con una humedad ambiental y calor normales y sin haber realizado actividad física extenuante. Pero digamos que en promedio dos litros de agua al día bastan. Es bueno leer bien las instrucciones de cada método purificador de agua y saber cómo emplearlo en caso dado.

2- SI NO ES NECESARIO, NO REALIZAR ACTIVIDAD FÍSICA EXTENUANTE.
Es importante que, conociendo los mecanismos con los cuales se activa la deshidratación (como lo vimos en entradas pasadas) y estando en una región árida o tropical (pues en éstas es más factible que se dispare la deshidratación) se administren minuciosamente las energías y tareas a realizar. Como medidas precautorias, si se cuenta con pocas o nulas reservas de agua, es imprescindible no realizar actividad física muy extenuante y no movilizarse si no es necesario. Si es posible, si el terreno lo permite, si moverse es imperante y si de preferencia se cuentan con instrumentos de navegación (mapa, brújula, GPS, etc.) hacerlo sólo de noche (esto puede ser una opción para contrarrestar las altas temperaturas del día en un desierto).


3- IMPORTANTÍSIMO: NADA ES SUSTITUTO DEL AGUA.
En una situación donde carezcamos de las reservas suficientes de agua o no dispongamos de alguna, es importante saber que NADA resulta sustituto del agua dulce y potable. El agua de mar no es potable, contiene niveles de sal que el hígado y los riñones no pueden soportar. La sangre de los animales no sirve para hidratar el organismo, aparte que implica un riesgo enorme a la salud. El agua tanto del radiador del automóvil como el del contenedor del limpia- parabrisas es igual de riesgosa, de preferencia evitarla. Las bebidas alcohólicas sólo agravarán el problema de deshidratación, tampoco se recomienda ingerirlas en una situación de emergencia. Todos los refrescos contienen cantidades altas de edulcorantes, no funcionan como sustitutos del agua. El agua de charcas, “tinajillas” o en general la que se encuentra estancada debe evitarse beber si presenta coloración oscura, mal olor, si es de naturaleza lodosa o muy turbia, o si pueden apreciarse insectos en su superficie. Puede llegar a beberse a menos que se disponga de uno o varios métodos de purificación y clarificación (que veremos más delante).

4- NOTA ADICIONAL.
En recientes fechas se ha popularizado enormemente el consumo de agua embotellada, la mayoría de estos productos son tratados en sus procesos de purificación para no contener bacterias y/o demasiadas sales minerales. Algunas marcas eliminan casi todo el contenido mineral, por lo general el sodio, dejando el agua casi en calidad de destilada. Esto suele ser hasta cierto punto perjudicial, ya que esta agua suele tener un efecto refrigerante en el organismo y no un efecto re-hidratante. La sensación de sed puede ser apagada momentáneamente, pero los valores de sales en el organismo pueden no ser los suficientes para re-hidratarlo. Un consejo para solventar esto es tener la precaución de contar con electrolitos en polvo para disolverlos en cualquier agua embotellada o ya en su defecto consumir sueros orales (líquidos o en polvo) o bebidas deportivas. Éstas últimas son por excelencia una buena fuente de electrolitos que devuelven los minerales perdidos por la sudoración, micción o deposición como ya hemos visto, y tienen la ventaja de tomarse como agua de uso, lo que no pasa con algunos sueros orales en polvo.


MÉTODOS DE OBTENCIÓN

Uno de los consejos que se pueden dar para encontrar agua en un lugar silvestre es poner atención y observar todo lo que nos rodea.

Los animales (aves, mamíferos e insectos) pueden delatar la presencia de agua en el lugar. Si observamos la trayectoria reiterativa de las aves hacia cierta dirección, podemos intuir que se trata de la ruta hacia una fuente de agua, máxime si se trata de garzas, patos, golondrinas, grullas o gaviotas. Con los mamíferos ocurre lo mismo, podemos seguir el rastro de sus huellas, excrementos o pelaje enganchado en los arbustos bajos. Los animales por lo general están relativamente cerca de alguna fuente de agua y dado a que sus actividades están enmarcadas en un territorio no muy extenso, podemos descubrir su lugar de abastecimiento.

En el caso de los insectos, los conglomerados de mosquitos pueden delatar la presencia de alguna charca, “tinaja”, “aguaje” u otra corriente de agua cercana.

Las plantas también pueden ser indicadoras de agua en el entorno. Los sauces, álamos, saúcos, las jaras y otros tipos de árboles, arbustos, plantas y hierbas son indicadores de agua cercana. A pesar de que en algunos autores del tema de la supervivencia aconsejan con mucha precaución la ingesta del líquido lechoso de algunos tipos de cactáceas, en la opinión de un servidor no me arriesgaría a tomar de esa fuente.

La geografía del terreno nos puede dar pistas de dónde encontrar el vital líquido, por lo general, fuentes superficiales:

En un valle, si existe una depresión que se extiende de manera longitudinal en forma serpenteante, puede tratarse del lecho de un arroyo, búsquese en el fondo del lecho los lugares donde la arena aparezca más oscura y cave un poco para tratar de encontrar el nivel freático. El agua en este caso es probable que resuma lentamente hacia la superficie en varios minutos. La cantidad no será espectacular, pero puede servir, recuerde clarificar y purificar una vez conseguida. En las faldas de los cerros o montañas, obsérvese el terreno erosionado que forma arrugas que bajan a lo largo de la pendiente, esas suelen ser los trazos de las corrientes donde el agua de lluvia corre y desemboca en el valle, búsquese alguna tinajilla natural que pueda contener agua estancada. Si está cercana, o acaba de pasar la temporada estival, puede que esas arrugas geológicas estén jugando el papel de “aguajes” o pequeños arroyuelos que bajan la montaña. En caso de estar en la temporada invernal y haya nieve o hielo, aprovéchese éste último para derretirlo y conseguir algo de agua, recuerde que el hielo contiene más agua por volumen que la nieve.

Por última recomendación, si la flora del lugar nos favorece, podemos encontrar frutos que son un aporte hídrico excelente. Los cocos, las tunas de los nopales, los tomates silvestres, las jícamas, naranjas, mangos, entre muchos otros.

CÓMO PURIFICAR Y CLARIFICAR AGUA ESTANADA O FANGOSA

Aunque sería el agua de “último recurso” para consumo, el método más común y efectivo para purificar agua de este tipo es poniéndola a fuego y dejarla hervir 20 minutos aprox. Aunque aún quedará resolver el problema del sabor y olor, el cual puede solucionarse filtrándola con un pañuelo y dejándola reposar por lo menos 12 horas y/o añadiendo un pequeño trozo de carbón de la misma fogata.

Algunos filtros improvisados consisten en llenar de arena un pañuelo donde se verterá el líquido, dejándolo libre de la mayoría de basuras y materia suspendida. Otro método igual, pero más elaborado es llenar una vara de carrizo o bambú relativamente larga con arena taponada con hierba fina para que no se salga la arena. El agua se vierte por un extremo de la “tubería”, dejándola libre de la mayoría de sus contaminantes sólidos. Si se cuenta con algún método de purificación como filtros comerciales, pastillas o gotas purificadoras, lea muy bien las instrucciones de uso para su óptimo desempeño. Llevar consigo un pequeño frasquito o bote con cloro comercial hace el trabajo. Sólo agregue 2 a 3 gotas por cada litro a purificar y déjela reposar por lo menos media hora, antes y después de este procedimiento puede utilizarse el filtrado si el agua tiene aún color desagradable.

Bien, es probable que en próximas entradas incluyamos un par de ilustraciones para ejemplificar lo aquí descrito, por lo pronto hemos llegado al fin de este tema.

Nos vemos!

Garrison

lunes, enero 08, 2007

Hola, espero que se encuentren bien!
Pues varias cosas han pasado desde el último post...
...Primero que nada, y a pesar de todos los recientes pronósticos meteorológicos adversos en esta comarca, una muy buena fuente nos ha indicado que el clima va a estar soportabe en las fechas en las que vamos a estar por aquellos lares; en los últimos días habíamos estado siguiendo por los diarios locales las noticias de registros muy bajos de temperatura y la caída de agua-nieve y nevadas, provocando el aislamiento por mal clima en varias poblaciones serranas y algunas cabeceras municipales. El riesgo representaba el no poder llegar al lugar seleccionado por el cierre de carreteras y por supuesto, de llegar, el no poder salir de ahí en tiempo y forma. Mis temores fueron desvaneciéndose gracias a ese bendito informante. Así que fue una noticia bastante tranquilizadora y que me dio aún más ánimo para esta excursión, y ni hablar, la aventurilla requiere de ciertos riesgos calculados.
Otra de las cosas que sucedieron en los últimos días (el jueves de la semana pasada para ser más específico) fue el reparto de las despensas personales a cada uno de los participantes de la excursion, falta solamente hacer el balance de los gastos y devolver el dinero que haya sobrado (de haberlo), pero eso me parece que lo haremos en el transcurso de la semana justo antes de irnos.
También ese día discutimos los últimos detalles "teóricos" con el personal de la excursión respondiendo a las dudas que les fueron brotando en estos días, ya que después del curso de primeros auxilios no nos habíamos visto de nuevo más que para pedirles la cuota de la despensa, y como se atravezaron los días de festejos navideños y de año nuevo habíamos dejado ya muy frío el tema, por lo que en esa pequeña reunión improvisada despejamos las dudas e inquietudes de los participantes, se les dio un recordatorio de la ruta y lo demás ya irá saliendo durante la marcha. Ah! por cierto, hubo otra deserción, es decir, que a tres meses de haber lanzado la convocatoria y de haber contado en las filas del H.H. cuerpo de expedicionarios ;) con 14 monitos, ahora sólo quedamos al pie del cañón 4 (y ya los definitivos). Ni hablar.
En otro orden de ideas, una muy excelentísima noticia fue el hecho de enterarnos que hay una corrida de autobús que sale muy temprano de la ciudad de Chihuahua hacia el poblado de Samachique, algo así como a las 7:00 A.M. eso ha resultado también un gran aliciente para nosotros en ese primer día de caminata, ya que vamos a poder contar con suficiente luz para avanzar un buen tramo, alejarnos lo suficiente del poblado e ir probando cómo va a ser la ruta. Creo que mañana vamos a ir a la estación de autobuses a comprar de una vez los boletos para no tener sorpresas.
El pasado sábado también hubo mucha actividad concerniente a la adquisición de equipo y ropa especial para la excursión. Lo que compramos fueron cosas que desgraciadamente no hubiésemos conseguido aquí en los comercios de la ciudad, aunque me sorprendió que hay algunos trebejos que aquí si pude adquirir y que allá no hubo o estuvieron a precios inaccesibles. Las botas, trajes de nieve, chamarras, goggles, guantes para bajas temperaturas, pasamontañas, artículos varios de acampada fueron, entre otras cosas, lo que compramos para complementar nuestro equipamiento. La verdad es que fue una incursión categoría "relámpago" a las tiendas, lo bueno es que lo hayamos todo relativamente barato y en pocos sitios, aún así estuvo agotador ya que nos devolvimos a la capital ese mismo día y son de 3 a 4 horas las que hay que invertirle a la carretera. En fin, que a las 2:00 a.m. del domingo ya estábamos de vuelta sanos, salvos.
¿qué mas? ah! ya pedí mis vacaciones en el trabajo y ya están autorizadas jejeje, así que también por ese lado ya está cubierto, lo malo es que no tomé en cuenta las clases de la maestría y me parece que me voy a arriesgar a perder dos clases. ni modo.
Bien, creo que eso es todo por el momento, les mantendré informados por si ocurre otra cosa más delante, estamos en contacto.
Hasta Luego!
Garrison

martes, enero 02, 2007

Qué Tal?
El día de ayer nos reunimos mi carnalito y su servidor para discutir unos detalles de la excursión con respecto al equipamiento y la "despensa" y terminamos disfrutando de una tarde bastante relajada, gracias a que fue día de asueto y a que el clima super frío que ha azotado la región nos ha dado un respiro. Entre la estrategia y la resolución de los problemas de logística, a uno se le seca bastante la garganta y se necesita de algo que alivie ese malestar, ni el agua de mango, el "kuley" o los "gueitorei" aplacan esa enfadosa sensación más que el sacrosanto y ultrarrecurrido néctar de los dioses, vulgaris conocetia: las chelas ;)

Teniendo ya un par de cervecitas circulando por nuestro torrente sanguíneo, decidimos disparar algunas flechas para disipar el stress de tanta planeación, y nos dimos cuenta de que las flechas y el alcohol (como otras tantas combinaciones con éste último) no se llevan. Pero bueno, no hubo pérdidas que lamentar, así que aquí les posteo un recuerdito de esa tarde, espero que les agrade jejejeje. ¡Ah! pero eso no fue todo, mi estimado bro, ya subídosele lo Cano, me sorprendió con sus dotes de chief, ya que para cerrar la tarde con broche de oro, se puso a cocinar unas deliciosas burgers al carbón. En un dos por tres alistó un mini-asador, puso bastante carbón y voilá, las burgers comenzaron a salir como si de un restaurante de comida rápida se tratara. ¡Te sacaste un diez bro, aparte de haberte quedado deliciosas, no me hicieron daño!! jejejeje ;) just kiddin´.

Bueno, pues ya dejando la chacota de lado, una de las cosas que se quedaron en claro esa tarde y que pusimos en práctica el día de hoy fue ir al supermercado a comprar la comida de la excursión; el jueves armaremos los paquetes de manera que queden como "despensas individuales" y el viernes se la entregaremos a los miembros de la acampada, ajustando ese mismo día los detalles de la hora de partida y otros pormenores que hayan quedado en el aire. El sábado vamos a lanzarnos a la ciudad de El Paso Tx. para conseguir algunas piezas del equipo en las cuales andamos medio escasos. Se acerca cada vez más el día y estamos ya ansiosos por partir.

Bien, creo que eso es todo en lo que respecta a los avances, creo que quedan unas notas acerca del tema agua que no les he pasado, espero en los próximos días postearselas.

Hasta Luego!

Garrison